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Damiano Caruso,vencedor del circuito de Getxo

3/Agosto/2020.  Ciclismo gonzalez 


Fuente:   Ciclo 21/Nicolás van Looy

 

Tras la vibrante semana de ciclismo que nos ha regalado la recién terminada Vuelta a Burgos, donde Remco Evenepoel redondeó su pleno de victorias (tres de tres) en lo que va de temporada, el pelotón se citaba esta mañana en las inmediaciones del Puente de Bizkaia para afrontar la 75ª edición del Circuito de Getxo que, para seguir con la costumbre de este reinicio de la campaña, ha sido vibrante y combatido hasta el final. Y si no, que se lo digan a un Damiano Caruso que tuvo que entregarse a fondo para aguantar la pequeña ventaja que se fabricó, gracias a un estupendo trabajo de Pello Bilbao, a menos de diez kilómetros de meta.

Arrancó la carrera y no tardó en formarse el grupo que conformaría la fuga del día con Antonio Carvalho (Efapel), Iván Cobo (Kern Pharma), Julen Irizar (Euskaltel-Euskadi), Oier Lazkano (Caja Rural-RGA), Ángel Madrazo (Burgos-BH), Luca Pacioni (Androni-Giocattoli), Lionel Taminiaux (Bingoal-Wallonie Bruxelles) y Riccardo Verza (Kometa-Xstra).

Foto:Iraia Calvo


La carrera entró entonces en un tramo de impasse mientras que el pelotón, aún dejando que los escapados alcanzaran algo menos de diez minutos de ventaja, mantuvo las cosas bajo control, siempre comandado por los hombres del UAE-Emirates.

A falta de 115 kilómetros para el final, fue el italiano Verza el primero en ceder desde el grupo delantero y ya entrando en la fase decisiva de la jornada, Bahrain-Mclaren se unió al trabajo de sus vecinos del UAE-Emirates, instante en el que la hemorragia de tiempo para los escapados se tornó dramática.

 

Oscar Matxin


Finalmente, los compañeros de Mikel Landa, que hoy hacía su única aparición en casa de esta extraña temporada, acabaron por neutralizar, al menos de forma virtual, una escapada en la que Lazkano no quería darse por vencido y trataba de buscar la sorpresa en solitario. Por detrás también llegaba el momento de los nervios y fue Mads Pedersen (Trek-Segafredo), el vigente campeón del mundo, el primero que quiso romper el orden establecido saltando del gran grupo sin éxito.

Con menos de 20 kilómetros para la línea de meta comenzaron a sucederse los ataques. Por fortuna, la lluvia con la que arrancó el día había desaparecido y los corredores podían tratar de buscar cierta distancia en las subidas y arriesgar, ya en solitario, en las peligrosas bajadas que, en mojado, podrían haber supuesto una auténtica trampa mortal.

 

Oskar Matxin



Alessandro Fedeli (Nippo Delko Once Provence) probó suerte tomando unos metros que al pelotón le costó un esfuerzo terrible remontar. Con el italiano tensando la cuerda al máximo se produjo el desastre. Una montonera en la parte trasera del pelotón pilló de lleno a Mikel Landa, agrandando todavía más esa leyenda del pupas al que siempre se le cruza la mala suerte y que forma ya parte intrínseca del landismo.

Ante el momento de dudas que se produjo en el gran grupo, fue el Euskaltel-Euskadi el que tomó el mando del gran grupo. Los corredores de casa querían dejarse ver ante su afición y hacían todo lo posible por mantener un ritmo asequible para sus hombres, pero poco pudieron hacer cuando, hecho ya el balance de daños, los equipos más poderosos apretaron un poco más el ritmo en Pike Bidea. Fue en esa última subida a la dura rampa donde se produjo la selección definitiva. Pello Bilbao y Damiano Caruso aparecían, tras la caída de Landa, como los cabezas de lanza de un Bahrain-Mclaren que no le quiso perder la cara a la carrera pese al infortunio vivido. Gonzalo Serrano (Caja Rural-RGA) quiso desbaratar las cosas desde muy lejos, pero la superioridad numérica de los Bahrain-Mclaren les permitía jugar sus dos cartas mientras minaban la moral y las fuerzas de sus rivales.

A falta de doce kilómetros, la suerte, que le había sido tan esquiva hacía tan poco, sonrió a los barenís. Una caída en ese grupo delantero dejó en cabeza a su dúo, Caruso y Bilbao, acompañados únicamente del portugués Nelson Oliveira (Movistar). La estrategia era clara y el encargado de tratar de rematarla fue Damiano Caruso, que arrancó, potente, a siete kilómetros de meta mientras Bilbao, disciplinado, se encargaba de hacer de secante ante la reacción de un Oliveira que sabía que tenía todas las de perder. El vasco se soldó a la rueda del telefónico y de ahí no se movió. Caruso, solo ante el viento, pateaba su bicicleta paralelo a la ría mientras que por detrás el pelotón, lo que quedaba de él, se acercaba como una sombra amenazante. Con cinco kilómetros por delante el grupo perseguidor dio buena cuenta de Bilbao y Oliveira mientras Caruso, que rodaba con apenas 20 segundos de renta, veía como una victoria que parecía segura peligraba enormemente.

Pero la entrega y el oficio del italiano fueron suficientes para que el de Bahrain-Mclaren, que en sus doce temporadas como profesional sólo había sumado un triunfo de etapa en la Settimana Coppi e Bartali de 2013, se llevara la que es, sin duda, su victoria más importante, poniendo la guinda a un trabajo excepcional de todo su equipo que, además de haberse mostrado como una de las mejores escuadras del día, tuvo que reponerse a esa caída de Landa que trastocó todos su planes. Por detrás, el podio lo completó su compatriota Giacomo Nizzolo (NTT) y Eduard Prades (Movistar).

Foto: Iraia Calvo

Fotos: Oskar Matxin